Mi cuarto y mi jardín

Quiero un cuarto que de al jardín, donde ya no pase frío y sea feliz...
Pero no cualquier cuarto, no de los usuales, de los que uno acostumbra a ver en la realidad. Lo quiero blanco, sin ventanas, un prisma cuadrangular cuyas cuatro aristas frontales terminen uniéndose al espacio, sin pared que de a su frente. Lo quiero con girasoles que miren a donde quieran ya que no habrá sol pero sí luz. En el jardín las margaritas, flores de mi infancia, rodeadas de pequeños cercos de madera pintados con un blanco desprolijo pero brillante. En otros retazos solamente el pasto verde claro, con sus hebras bien definidas unas de otras, pero sin poderse ver el marrón de la tierra. Una parralera grandiosa, llena de flores de mburucuya sobre un jardín de rosas arcoiris, todas florecidas. Destrás de esto un jardín basto y lleno de vida, que no precisamente sea de la misma vida que la realidad, entre todo, pequeñas pasarelas de piedras blancas que crean caminos con relieve, las cuales juntan pequeñas piedrecillas entre las depresiones de una piedra con otra, todas ellas lindando a los costados con finos ladrillos dispuestos en forma vertical uno al lado de otro. Un horizonte blanco y resplandeciente prácticamente sin final. Detrás de la habitación, nada, o más bien no lo sé, no necesito ni me interesa saber qué hay detrás, nunca lo noté ni intenté notarlo, no es necesario.

Quiero un cuarto que de al jardín, donde ya no pase frío y sea feliz, donde viva porque elijo vivir, donde muera porque elijo morir y donde sonría no porque deba sonreír.






                                                                                                                           Gracias Sui Generis.

Comentarios

Entradas populares