Ella
No soy de los que saben si el espíritu humano es tal o si ni siquiera es, pero si fuese, no me caben dudas -de lo trágico sí, casi siempre, estoy seguro- de que el terrible momento en el que notamos cómo la aparente claridad de la vida se borra una vez más de raíz, por la amargura de la realidad, es el sinsabor más grande que un alma puede sufrir.
Hoy, la oscuridad de mi interior decidió hablarme,
Hoy, las luces del veloz pasar del tiempo y del espacio me escucharon.
Hoy, y solo hoy, mi ser sintió la verdad de otros seres en una síntesis de ontología inspiradora,
Hoy me encontré, diferente pero inconfundible por la autenticidad de las verdades evidentes que aquel filósofo buscaba.
Hoy vi que lo claro y lo distinto se encontraba en la esquina, junto a aquella torre de acero con base de cemento que iluminaba la calle que daba al exterior.
Hoy la realidad me mostró que las apariencias eso son.
Hoy una niña indígena de doce años fue asesinada, descuartizada y guardada en una mochila, en la oscuridad, bajo las luces de los seres indistintos a las verdades evidentes que se veían y se ven junto a la misma columna de acero con base de cemento.
No soy de los que saben mucho y no soy de los que saben qué pudo esa niña sentir, pero de lo trágico sí estoy seguro, y no me caben dudas de que no hay momento más terrible que lo que para ella fue vivir... Y morir.
Hoy, la oscuridad de mi interior decidió hablarme,
Hoy, las luces del veloz pasar del tiempo y del espacio me escucharon.
Hoy, y solo hoy, mi ser sintió la verdad de otros seres en una síntesis de ontología inspiradora,
Hoy me encontré, diferente pero inconfundible por la autenticidad de las verdades evidentes que aquel filósofo buscaba.
Hoy vi que lo claro y lo distinto se encontraba en la esquina, junto a aquella torre de acero con base de cemento que iluminaba la calle que daba al exterior.
Hoy la realidad me mostró que las apariencias eso son.
Hoy una niña indígena de doce años fue asesinada, descuartizada y guardada en una mochila, en la oscuridad, bajo las luces de los seres indistintos a las verdades evidentes que se veían y se ven junto a la misma columna de acero con base de cemento.
No soy de los que saben mucho y no soy de los que saben qué pudo esa niña sentir, pero de lo trágico sí estoy seguro, y no me caben dudas de que no hay momento más terrible que lo que para ella fue vivir... Y morir.
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